¿Bichos repugnantes o deliciosos manjares?

Debate sobre el aporte de los insectos forestales a la dieta

19 de febrero de 2008, Chiang Mai, Tailandia - Con más de 1 400 especies que los seres humanos consumen en el planeta, el mundo de los insectos ofrece grandes posibilidades a nivel nutricional y comercial. Un seminario organizado por la FAO esta semana debatirá el potencial de desarrollo de este sector en la región de Asia-Pacífico.

Aunque la idea de comer insectos pueda parecer inusual o incluso poco apetecible para algunos, el consumo humano de insectos es una realidad muy común hoy en día en muchas partes del mundo. Al menos 527 insectos diferentes son consumidos en 36 países de África; al igual que en 29 países de Asia y 23 en América.

Fuente de proteínas, vitaminas y minerales

De los centenares de especies de insectos utilizados como alimento humano, los más comunes pertenecen a cuatro grupos principales: escarabajos; hormigas, abejas y avispas; saltamontes y grillos; y polillas y mariposas. Como fuente alimentaria, los insectos son altamente nutritivos: algunos tienen tantas proteínas como la carne y el pescado. Desecados, los insectos tienen a menudo el doble de proteínas que la carne y el pescado crudos, aunque no suelen tener más proteínas que la carne y pescado desecados o a la parrilla. Algunos insectos, especialmente en su fase larval, también son ricos en grasas y contienen importantes vitaminas y minerales.

La mayor parte de los insectos comestibles se obtienen de los bosques naturales. Aunque los insectos representan una gran parte de la biodiversidad de los bosques, son los menos estudiados de toda la fauna. “Sorprendentemente, se sabe muy poco acerca de los ciclos biológicos, la dinámica de población, y el potencial comercial y de gestión de gran parte de los insectos forestales comestibles”, señaló Patrick Durst, Oficial Superior Forestal de la FAO.

Entre los responsables de gestión forestal, hay muy poco conocimiento o apreciación del potencial para gestionar y cosechar los insectos de forma sostenible”, según Durst. “Por otro lado -añadió-, la población tradicional de los bosques y la que depende de los mismos a menudo posee un conocimiento notable de los insectos y su gestión.”

En algunas zonas, los insectos se consumen de forma ocasional como “alimento de emergencia” para evitar la inanición. Pero en la mayoría de las regiones en las que los insectos se utilizan con fines alimentarios, forman parte habitualmente de la dieta y son considerados un manjar. En Tailandia, donde se celebró el curso esta semana, se consumen casi 200 tipos diferentes de especies, muchas de las cuales son altamente demandas como deliciosos tentempiés y alimentos sabrosos. Es frecuente ver a vendedores de estos insectos por todo el país y en la capital, Bangkok.

Tradicionalmente, los seres humanos se han beneficiado de los insectos sobre todo para la producción de miel, cera y seda, como una fuente para obtener tintes y, en algunas culturas, por su uso como alimentos y medicinas.

Dondequiera que los insectos han sido parte de la dieta humana, éstos se han obtenido en su hábitat silvestre, con la mayoría de los recolectores centrándose en larvas y pupas, las formas más habituales de consumir insectos. La pauta habitual es que se procesen y cocinen de forma sencilla, y sólo se necesita una mínima gestión forestal para explotar este recurso.

Hace siglos que se comenzaron a explotar algunos insectos como los gusanos de seda y las abejas, pero sólo recientemente ha crecido el interés en criar otras especies con fines alimentarios. Ahora es habitual encontrar granjeros en el norte de Tailandia, por ejemplo, criando gusanos de bambú o grillos para venderlos a los compradores locales.

Potencial comercial

Además de su valor nutricional, muchos expertos ven en los insectos comestibles un gran potencial para suministrar ingresos y empleos a la población rural que captura, cría, trata, transporta y comercializa los insectos.

Este potencial puede aumentarse mediante la promoción y la adopción de los estándares de la moderna tecnología alimentaria para los insectos comestibles que se venden vivos, desecados, ahumados, asados o en cualquier otra forma. Sin embargo, se tiene que tener cuidado para asegurar que los insectos sean higiénicamente inocuos para el consumo humano y no contengan cantidades excesivas de residuos químicos, como insecticidas.

Según Durst, “existen oportunidades de mejora en el envasado y la comercialización para conseguir que los insectos comestibles resulten más atractivos a los compradores tradicionales y ampliar así el mercado a nuevos consumidores, especialmente en las zonas urbanas”.

Organizado por la FAO y la Universidad de Chiang Mai en Tailandia, los especialistas que asisten al curso de tres días se centrarán en los insectos forestales comestibles y su gestión, recolección, cosecha, tratamiento, comercialización y consumo.

La reunión espera aumentar la concienciación sobre el potencial de los insectos forestales comestibles como recurso alimentario, documentar la contribución de estos insectos a los medios de vida rurales y evaluar los vínculos con la gestión y conservación sostenible de los bosques.


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